domingo, 23 de agosto de 2015

SENTIR QUE LA VIDA SE VA



Sentir que la vida se escapa sin comprender el motivo o la razón para ello. Buscar la solución a una dolencia crónica mediante un tratamiento clínico nuevo y esperanzador, y a cambio notar que las fuerzas te abandonan por completo, que nada tiene sentido, que no hay energia para caminar, para estar despierto, para hablar, ni tan siquiera leer, y tener que seguir haciendo una vida aparentemente normal cuando las ganas de sobrevir te están abandonando.
Dos años se cumplen hoy, 15 de junio, de una decisión drámatica y trascendental que marcó y marcará una vida futura, la mía, cuando decidí poner fin a un tratamiento para el VHC que me estaba matando en la esperanza de acabar con un virus  que destruye el higado de la persona que lo contrae.
Sin saber cuando, ni como, ni donde, descubrieron hacia el año 1993 que padecía una enfermedad crónica recien descubierta en el 91, Hepatitis C, crónica, que sin dar muestras ni sintomas va minando la salud del enfermo sin que el mísmo se aperciba a no ser que le hagan una analisis específico de sangre.
Había tratamiento, si, pero escasa cura. Despues de un año de Inteferón la aniquilación del virus era casi inexistente, un porcentaje muy pequeño de exitos frente a la frustración de un tratamiento duro y costoso.
En mi caso hubo que suspenderlo en el mismo año 94 y esperar seguir disfrutando de una vida emplazada por los estragos que pudiera producir el mencionado virus.
Año 2012, un nuevo tratamiento casi milagroso alumbra las esperanzas de cientos de miles o millones de personas que padecen el VHC, yo entre ellas que sigo sin tener ninguna clase de sintomas apreciables.
El virus existe, la fibrosis del higado existe, los sintomas no se notan, pero espoleado ante la esperanza de vencer al enemigo me embarco en el avatar de un nuevo tratamiento invasivo y demoledor como tuve ocasión de comprobar.
Tres drogas eran las encargadas de curar y vencer al virus, Interferón, Rivabirina, y el nuevo milagro curativo llamado Telaprevir. 
Iluso y mal informado pensé que la duración sería corta, tres meses, seis meses a lo sumo. Tratamiento muy costoso y absolutamente nuevo en el caso de la tercera droga.
Los efectos demoledores desde casi los primeros días. Nunca me he sentido morir como en ese mes y medio que duró el suplicio contidiano de pincharme y tomar las otras drogas. 
No podía con mi cuerpo ni con mi alma, los valores sanguineos fueron al desastre, mi peso también, el humor desapareció y las ganas de vivir o luchar igual.
Una transfusión de urgencia era necesaria para poder seguir el tratamiento y recuperar los valores en sangre medianamente tolerados. Tan urgente era que pareciera mi vida corría peligro, solo una noche para sopesar el seguir un tratamiento en la esperanza de vencer el virus, continuando con la tortura o poner punto y final al mísmo.
Decisión personal y polémica no consensuada con la doctora que al ser consciente de ella pareció no entender los motivos.
Mis motivos estaban confusos para mi tambien, me sentía morir, y todo un año para seguir padeciendo esa tortura me resultaba inimaginable e irresistible.
Fué en la madrugada del 15 de junio de 2012 cuando decidí poner fin a la tortura de un tratamiento inhumano, demoledor, para una persona próxima a cumplir sus setenta años.
Para que sufrir tanto, con riesgo de la vida, en el empeño de derrotar un virus que antes o despues puede acabar con la existencia de su huesped.
 
Tampoco es seguro que sea así, la vida nos es arrebatada de muchas y diversas formas, lo importante es aprovechar el tiempo presente, el hoy, el mañana es un enigma.
Acabó la tortura de un tratamiento que casi me cuesta mi estabilidad física y emocional.
Una depresión fué el pago que posteriormente tuve que pagar debido a los efectos secundarios de las drogas. 
El Interferón, o el Telaprevir suele conducir a este tipo de dolencias, igual que a la fotofobia, el mal humor, la perdida de peso, la carencia de fuerzas, la fiebre, el cansancio, el insomio, la debilidad anímica y emocional hasta grados insospechados.
Y no solo eso, el cuerpo se deteriora hasta límites que pueden ser irresistibles, la sangre pierde todos los valores necesarios para continuar la vida, y ya en el colmo pueden ser necesarias varias transfusiones para continuar el tratamiento y seguir viviendo.

Hoy aquí estoy celebrando la decisión tomada hace dos años, con mas peso, mejor humor, recuperadas las fuerzas, y por supuesto con el virus VHC que supongo sigue haciendo su labor destructiva que no percibo.

El final nadie lo sabe, todos morimos de una forma u otra, para que tratar de librar una batalla tan extenuante y destructiva cuando uno llega a los albores de su vida.
Mejor disfrutar del momento, de este momento, en el que uno se siente bien, con ganas de escribir, vivir, comer, dormir, y la muerte siempre nos parece tan lejana cuando en realidad siempre nos esta tocando con su fría mano cada segundo de nuestra incierta vida.


Saludos y gracias a la vida que me ha dado tanto.....


Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me dio dos luceros que cuando los abro
Perfecto distingo lo negro del blanco
Y en el ancho cielo su fondo estrellado
Y en las multitudes el hombre que yo amo
Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me ha dado el sonido y el abecedario
Con el las palabras que pienso y declaro
Madre amigo hermano y luz alumbrando
La ruta del alma del que estoy amando
Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me ha dado la marcha de mis pies cansados
Con ellos anduve ciudades y charcos
Playas y desiertos montanas y llanos
Y la casa tuya tu calle y tu patio
Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me dio el corazon que agita su marco
Cuando miro el fruto del cerebro humano
Cuando miro el bueno tan lejos del malo
Cuando miro el fondo de tus ojos claros
Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me ha dado la risa y me ha dado el llanto
Asi yo distingo dicha de quebranto
Los dos materiales que forman mi canto
Y el canto de ustedes que es el mismo canto
Y el canto de todos que es mi propio canto
emi

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